Bienvenida a mi universo

WABISABIA es un proyecto creativo que nace del deseo de reunir todos aquellos intereses que he ido cultivando a lo largo de los años: el arte, el desarrollo personal, la espiritualidad, y la psicología, principalmente. Como mente curiosa que siempre he sido, desde hace un tiempo sentía la necesidad de crear un espacio donde poder compartir todo esto, y construir así una comunidad que conecte, inspire y se retroalimente.

Áreas distintas pero profundamente conectadas, que aquí conviven bajo una premisa común: el wabi-sabi, una antigua filosofía japonesa que nos invita a aceptar la vida tal como es: imperfecta, transitoria, auténtica.

Esa aceptación nos abre muchas puertas. Nos permite probar, equivocarnos, rendirnos al proceso sin estar atadas al resultado. Nos recuerda que vinimos a jugar, a experimentar, a vivir… y en esas estamos.

Deseo que cada print o producto que encuentres aquí te hable. Que sea una invitación a cambiar la forma en que ves el/tu mundo.

No será perfecto, pero sí auténtico. Mi intención es resaltar la belleza que habita en la sencillez de lo cotidiano, eso que suele pasar desapercibido en la prisa del día a día. Quiero que, al verlo, tú también puedas reconciliarte con la imperfección, y te permitas parar, mirar, y sentir con más consciencia.

Si esto resuena contigo, quédate cerca. Aquí hablaremos de #slowlife, #selfcare, #selflove y ocurrencias varias.


¿Eres una #wabisabier?

Bienvenida a mi universo

WABISABIA es un proyecto creativo que nace del deseo de reunir todos aquellos intereses que he ido cultivando a lo largo de los años: el arte, el desarrollo personal, la espiritualidad, y la psicología, principalmente. Como mente curiosa que siempre he sido, desde hace un tiempo sentía la necesidad de crear un espacio donde poder compartir todo esto, y construir así una comunidad que conecte, inspire y se retroalimente.

Áreas distintas pero profundamente conectadas, que aquí conviven bajo una premisa común: el wabi-sabi, una antigua filosofía japonesa que nos invita a aceptar la vida tal como es: imperfecta, transitoria, auténtica.

Esa aceptación nos abre muchas puertas. Nos permite probar, equivocarnos, rendirnos al proceso sin estar atadas al resultado. Nos recuerda que vinimos a jugar, a experimentar, a vivir… y en esas estamos.

Deseo que cada print o producto que encuentres aquí te hable. Que sea una invitación a cambiar la forma en que ves el/tu mundo.

No será perfecto, pero sí auténtico. Mi intención es resaltar la belleza que habita en la sencillez de lo cotidiano, eso que suele pasar desapercibido en la prisa del día a día. Quiero que, al verlo, tú también puedas reconciliarte con la imperfección, y te permitas parar, mirar y sentir con más consciencia.

Si esto resuena contigo, quédate cerca. Aquí hablaremos de #slowlife, #selfcare, #selflove y ocurrencias varias.


¿Eres una #wabisabier?

La historia de mi vida en 4 actos...

La historia de mi vida en 4 actos...

(y cada día la de más personas)

Esta historia quizá te suene. Es una historia que se repite más de lo que nos gustaría.

Yo también fui una niña creativa explorando la riqueza de su mundo interior frente a un lienzo. Desde muy pequeña asistía a un taller de pintura al óleo, y recuerdo que ese era mi día favorito de la semana. Pintar era mi refugio, mi forma de estar en el mundo.

Pero entonces llegó la vida adulta, con sus decisiones importantes: la universidad, la carrera profesional, las responsabilidades. No fui capaz de sostenerlo todo. Y como la prioridad era “asegurar un buen futuro”, mi maletín de pintura fue quedando relegado al fondo de un armario… hasta olvidarse.

Hice todo lo que se esperaba de mí. Entré en la rueda de este sistema, cada vez más exigente, más acelerado. A veces pensaba en pintar, porque sabía que era el mejor antídoto que había encontrado para liberar el estrés y la ansiedad. Pero nunca tenía tiempo suficiente para terminar lo que empezaba, y esa sensación de frustración solo crecía.

Hasta que llegó el confinamiento. El mundo se detuvo, y en medio del caos que se vivía fuera, yo abrí de nuevo esa caja olvidada. Desempolvé mis materiales, y algo dentro de mí despertó. Volví a encontrarme con esa niña que había sido. 

Pensamos que ese momento lo cambiaría todo. Que no volveríamos a ser los mismos. Pero la rueda volvió a girar. El ritmo de siempre regresó con una normalidad abrumadora. Y otra vez caímos en el piloto automático, dejando que nuestras vidas se tiñeran de colores neutros y apagados, sin apenas darnos cuenta.

Hace algo así como un año, algo en mí cambió. Sentí la necesidad de buscar algo más, aunque no sabía el qué… Y lo encontré a 13.200 km de distancia, en la Isla de los Dioses: Bali. Allí entendí que sí, había otra manera de vivir.

Al volver, todo parecía igual… pero yo ya no lo era. Había cambiado mi mirada, mis prioridades, mis objetivos, mis preguntas y mis respuestas.

Empecé a escucharme. A darme espacio. A priorizar mi bienestar. Y en la ilustración digital encontré un salvavidas que me ofrecía la misma calma de mis tardes frente al lienzo, pero que se adaptaba con más facilidad a mi vida actual.

Desde entonces, me hice una promesa: nunca más dejar de crear. Al óleo, con acrílicos, con tinta, de forma digital. No importa el medio. Lo importante es expresar.

Ojalá este universo que he creado te inspire a atreverte, a volver a ti, a recordar quién eras antes de olvidarte.

Esta historia quizá te suene. Es una historia que se repite más de lo que nos gustaría.

Yo también fui una niña creativa explorando la riqueza de su mundo interior frente a un lienzo. Desde muy pequeña asistía a un taller de pintura al óleo, y recuerdo que ese era mi día favorito de la semana. Pintar era mi refugio, mi forma de estar en el mundo.

Pero entonces llegó la vida adulta, con sus decisiones importantes: la universidad, la carrera profesional, las responsabilidades. No fui capaz de sostenerlo todo. Y como la prioridad era “asegurar un buen futuro”, mi maletín de pintura fue quedando relegado al fondo de un armario… hasta olvidarse.

Hice todo lo que se esperaba de mí. Entré en la rueda de este sistema, cada vez más exigente, más acelerado. A veces pensaba en pintar, porque sabía que era el mejor antídoto que había encontrado para liberar el estrés y la ansiedad. Pero nunca tenía tiempo suficiente para terminar lo que empezaba, y esa sensación de frustración solo crecía.

Hasta que llegó el confinamiento. El mundo se detuvo, y en medio del caos que se vivía fuera, yo abrí de nuevo esa caja olvidada. Desempolvé mis materiales, y algo dentro de mí despertó. Volví a encontrarme con esa niña que había sido.

Pensamos que ese momento lo cambiaría todo. Que no volveríamos a ser los mismos. Pero la rueda volvió a girar. El ritmo de siempre regresó con una normalidad abrumadora. Y otra vez caímos en el piloto automático, dejando que nuestras vidas se tiñeran de colores neutros y apagados, sin apenas darnos cuenta.

Hace algo así como un año, algo en mí cambió. Sentí la necesidad de buscar algo más, aunque no sabía el qué… Y lo encontré a 13.200 km de distancia, en la Isla de los Dioses: Bali. Allí entendí que sí, había otra manera de vivir.

Al volver, todo parecía igual… pero yo ya no lo era. Había cambiado mi mirada, mis prioridades, mis objetivos, mis preguntas y mis respuestas.

Empecé a escucharme. A darme espacio. A priorizar mi bienestar. Y en la ilustración digital encontré un salvavidas que me ofrecía la misma calma de mis tardes frente al lienzo, pero que se adaptaba con más facilidad a mi vida actual.

Desde entonces, me hice una promesa: nunca más dejar de crear. Al óleo, con acrílicos, con tinta, de forma digital. No importa el medio. Lo importante es expresar.

Ojalá este universo que he creado te inspire a atreverte, a volver a ti, a recordar quién eras antes de olvidarte.

¿Quieres contarme tu historia?

¡Todos tenemos una! Me gustaría que esto fuese una conversación ida y vuelta. Que te sientas en un lugar seguro y, si quieres, me compartas tus reflexiones, tus ideas, eso que te ha resonado… ¡Estaré encantada de escucharte y conversar contigo!

¿Quieres contarme tu historia?

¡Todos tenemos una! Me gustaría que esto fuese una conversación ida y vuelta. Que te sientas en un lugar seguro y, si quieres, me compartas tus reflexiones, tus ideas, eso que te ha resonado… ¡Estaré encantada de escucharte y conversar contigo!

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